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1963 Sangre nueva

En 1963 se produce el primer relevo generacional. Sus hijos Vicente y Alicia se hacen cargo del negocio.

Comienzan a incorporar innovaciones que favorecen una mejor elaboración sin perder la esencia y el buen hacer que su padre les había transmitido. Vicente demuestra año tras año que es una de las personas que mejor prueba sidra de Asturias.

Y que mejor corcha. Era un comercial nato, compraba y vendía muy bien su producto, y lo que es más importante, tenía unos conocimientos de erudito en la materia apoyados en un olfato infalible para escoger manzana.

Su sidra cobraba gran popularidad. Era una de las primeras en salir al mercado, justo recién acabada la fermentación, con un regusto levemente amargo que hacía furor, y era también una de las primeras sidras en agotarse, allá por el mes de mayo, lo que hacía que Trabanco fuera la sidra más demandada otra vez a principios de enero, cuando aparecía la nueva cosecha.

Por aquellos tiempos ya corría por el llagar “faciendo travesures” un guaje cuyo desparpajo asombraba a propios y extraños. Con doce años ya apañaba manzanas, y sobre todo, era especialista en el pesaje, donde se pasaba dos o tres horas diarias valorando sacos. Por aquel entonces presumía orgulloso de cargar casi cien kilos al hombro ante el asombro de los cosecheros que entregaban el material.

Los más pequeños de la familia Trabanco se involucraban hasta tal punto que se despertaban a las seis de la mañana para escoger manzana unas veces, para pisar en la prensa la magaya otras, hasta justo cinco minutos antes de las nueve, que era el momento en el que había que quitar las katiuskas y correr hacia el colegio.

Poco a poco aquellos niños se fueron haciendo chavales, y ya les dejaban descargar camiones, labor que en ocasiones había que realizar con la sola compañía de un “garabatu”, y que se prolongaba hasta altas horas de la noche. Ellos mismos han definido esta etapa como una época dura, pero bonita, llena de recuerdos, de anécdotas y en definitiva, apasionante. Esa nueva generación pronto comenzó a espichar sidra, a escuchar a su tío y a sus amigos, a tener ideas y a ponerlas en práctica. Su primer sueldo fue de cinco pesetas por cada saco repleto de manzanas.

La pumarada es la vida de la familia Trabanco, es el día a día de toda una parroquia, una herencia que se ha trasmitido desde la primera generación hasta la actual. Emilio, el fundador, era un enamorado de los pumares.

Los nietos iban cuando se terciaba a segar con él, y durante la faena les enseñaba trucos para sostener los manzanos cargados. Guardaba estacas entre los matorrales, que aparecían como herramientas salvadoras en momentos de crisis, para fijar una rama o evitar su rotura cuando su peso era excesivo.

Vicente era innovador, sin querer casi inventa la sidra de hielo. Fue un año a Llames de Parres. Era una época en la que sobraba manzana y en el pueblo había una montonera de manzanas cubiertas de nieve, entrado ya el mes de marzo. Cogió una manzana, la mordió, preguntó por el propietario y le compró toda la producción. El resultado fue que tuvo una de las mejores sidras de la historia, con una complejidad de aromas y sabores nunca antes alcanzada.

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