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La sidra en Asturias

Desde siempre, Asturias es sinónimo de sidra. No hay Asturias sin sidra, ni sidra sin Asturias. Siempre ha sido así y, de hecho, la manzana y la sidra han marcado desde cientos y cientos de años el carácter y las costumbres de nuestro pueblo.

Nuestra orografía, llena de verde montaña y azul mar, se tiñe en primavera de un manto de flores blancas. Son las flores de nuestros pumares, de los manzanos que en primavera inician la floración y adelantan ya los primeros rasgos de una cosecha que empezará en octubre y se prolongará hasta las primeras semanas de diciembre.

Es entonces cuando los llagares se llenan de manzana, cuando las prensas de madera despiertan para exprimir todo el jugo de los cientos de variedades de manzana de sidra que aún hoy se siguen cultivando de manera tradicional en Asturias.

Es entonces, también, cuando la sidra dulce se reparte. Una parte llega a los más pequeños de la casa, que la devoran en los tradicionales amagüestos con castañas asadas; la otra, empieza a llenar los toneles tradicionales de madera para iniciar el proceso de fermentación, la fase en la que el llagarero debe mostrar todas sus cualidades como creador de sidra.

La primera sidra del año llegará en marzo. El 19 de marzo es la fecha tradicionalmente elegida para probar la sidra nueva, y es una fecha que la asociación de llagareros de Sidra de Manzana Seleccionada, entre los que forma parte Sidra Trabanco, están recuperando como punto de referencia para presentar públicamente la sidra de la nueva cosecha.

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